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Quién recibe el crédito de la traducción y por qué importa

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El nombre de su traductor puede figurar en la portada, solo en la página de créditos o en ningún sitio, y esa decisión es suya. Ninguna ley internacional única lo zanja, pero hay una norma profesional que se ha reforzado mucho en la última década, y hay campos técnicos en la tienda que conviene conocer.

Parece un detalle menor. No lo es, y menos aún para el propio libro.

Qué se estila hoy en el sector

En septiembre de 2021 varios autores lanzaron un llamamiento público para acreditar a los traductores en la cubierta. Lo encabezaron la traductora Jennifer Croft y el novelista Mark Haddon, y reunió más de 1.400 firmas de autores en 48 horas.

Su formulación era sencilla: que cada vez que se traduzca nuestra obra, el nombre del traductor aparezca en la cubierta.

Desde entonces no es una petición rara. Muchas editoriales la han adoptado y los traductores con experiencia la ponen como condición. Si trabaja con un traductor humano, dé por hecho que saldrá el tema, y conviene decidirlo antes y no a mitad de camino.

Por qué debería importarle a un autor

Tres razones, todas prácticas.

La primera: el crédito forma parte de la retribución. Un traductor que sabe que su nombre va a aparecer se hace dueño del resultado.

La segunda: el crédito es una señal de calidad para el lector. En idiomas donde se está acostumbrado a leer literatura traducida, un nombre de traductor en la portada le dice al lector que alguien responde del texto que va a leer.

La tercera: evita una discusión. La peor versión de esta decisión es la que se aplaza hasta después de publicar.

Tres sitios distintos, y ninguno se rellena solo

Es fácil confundirse, porque son tres cosas diferentes.

La portada es diseño. Lo que aparece ahí se fija en el archivo de diseño y en ningún otro lugar.

La página de créditos, esa página densa del principio del libro, es donde se anota quién tradujo, quién editó y quién diseñó. Aunque el nombre no vaya en la portada, ese es el sitio habitual para ponerlo.

El campo de colaboradores de la tienda es un formulario. En KDP (la plataforma de autopublicación de Amazon) se pueden añadir hasta diez colaboradores junto al autor e indicar el papel de cada uno. Esa lista se puede editar después de publicar, pero el nombre del autor principal queda bloqueado en cuanto el libro sale a la venta, y cambiarlo exige una edición nueva.

Los tres sitios no se comunican entre sí. Rellenar uno no rellena los otros dos.

Y si no hubo traductor humano

Si la traducción se produjo con herramientas automáticas, no hay una persona que haya traducido el libro, así que no hay crédito de traducción que dar en el sentido habitual. Lo que se acostumbra es nombrar a quien editó y revisó, porque alguien sí leyó el texto antes de que saliera; y si no lo leyó nadie, tiene un problema mayor que el del crédito.

Tenga en cuenta que esto es un asunto del todo distinto de la declaración que las tiendas exigen sobre el uso de herramientas automáticas en la producción del libro. La declaración es con la tienda; el crédito, con el lector. Escribimos sobre la declaración en qué hay que declarar de una traducción hecha con IA.

Qué dejar cerrado antes de publicar

Decida de antemano, por escrito, qué va a aparecer y dónde. Si hay un traductor humano, acuerde con él la fórmula antes de empezar el trabajo, no después.

Recuerde que quién es dueño de la traducción es una pregunta completamente distinta de quién recibe el crédito, y las dos deben estar en el acuerdo. Lo desarrollamos en de quién son los derechos de traducción, y el resto de las dudas están en nuestras preguntas frecuentes.

Preguntas frecuentes

¿Hay que nombrar al traductor?

No existe una única ley que lo exija en todos los países, pero sí una norma del sector cada vez más asentada: el nombre del traductor aparece en la portada o, como mínimo, en la página de créditos. Si trabaja con una persona, lo que decide es su acuerdo.

¿Y si la traducción se hizo con herramientas automáticas?

Entonces no hay un traductor humano al que acreditar, y lo habitual es nombrar a quien editó y revisó el texto. Las tiendas exigen hoy una declaración aparte sobre el uso de herramientas automáticas, que es otra cosa distinta del crédito.

¿Dónde se registra esto en la práctica?

En tres sitios posibles: la portada, la página de créditos al principio del libro y el campo de colaboradores del formulario de publicación de la tienda. No son lo mismo ni se rellenan entre sí.

¿Se puede cambiar después de publicar?

La lista de colaboradores adicionales sí se puede editar tras la publicación. El nombre del autor principal no: queda bloqueado, y cambiarlo obliga a abrir una edición nueva.