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Referencias culturales en la traducción: fiestas, comida y chistes

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Cuando un libro pasa a otro idioma, tiene cosas que el nuevo lector sencillamente no conocerá: una fiesta, una comida, un chiste o una institución local. Hay dos formas de tratar las referencias culturales en la traducción: dejarlas y que el lector las entienda por el contexto, o cambiarlas por algo que le resulte familiar. No hay una única forma correcta. Hay una que le va a tu libro, y conviene decidirla antes de que empiece la traducción, no a mitad de camino.

Qué son las referencias culturales en la traducción

Todo lo que un lector israelí entiende sin pensar y un lector de Ámsterdam o de Madrid no. Algunos ejemplos de un libro típico escrito en hebreo:

  • Fiestas y costumbres. La cena del viernes por la noche, las sufganiyot (buñuelos rellenos de mermelada) de Janucá, las hogueras de Lag BaOmer.
  • Instituciones. El miluim (el servicio anual en la reserva del ejército), el kibutz (una comunidad agrícola colectiva), el bagrut (los exámenes de fin de bachillerato), el vaad bait (la comunidad de vecinos del edificio).
  • Comida. La shakshuka (huevos cocidos en salsa de tomate), los burekas (empanadillas de hojaldre), un artik (un polo helado) en la playa.
  • Expresiones. Al hapanim (literalmente «en la cara», es decir, fatal), sababa (genial, vale), yalla (venga, vamos), javal al hazman (literalmente «lástima del tiempo», que se usa para decir que algo es increíble).
  • Chistes que dependen de una palabra. Juegos de palabras, nombres con significado, rimas.
  • Contexto compartido. Una canción que todo el mundo conoce, un anuncio antiguo, un programa infantil.

Algunas de estas cosas el lector las adivinará por el contexto. Otras lo dejarán confundido. Y otras, como un chiste basado en una palabra, sencillamente no funcionarán si se traducen palabra por palabra.

El primer camino: dejarlas

El traductor deja el original y permite que el lector lo entienda por el contexto. La protagonista se come una sufganiyá en Janucá, y quizá el lector de Buenos Aires no sabe qué es, pero entiende que es una comida de fiesta y que es dulce.

La ventaja: el libro se queda en su lugar. El lector siente que está leyendo un libro de Israel, y eso es parte de la magia. La mayoría de los lectores de literatura traducida la eligen justo por eso.

Cuando hace falta, se añade una pequeña explicación dentro de la propia frase. En lugar de «se fue al miluim», se puede escribir algo como «se fue a cumplir su servicio anual en la reserva». Unas pocas palabras, sin nota al pie, y el lector sigue adelante.

El segundo camino: adaptarlas

El traductor cambia la referencia por algo que el nuevo lector conoce. Un chiste basado en una palabra hebrea se sustituye por otro chiste que funcione en el idioma nuevo. Las unidades de medida se convierten. Una canción infantil conocida se cambia por una canción infantil conocida allí.

La ventaja: el lector siente lo que sintió el lector original. Se ríe en el mismo sitio, se emociona en el mismo sitio y no se detiene.

La desventaja: si te pasas, el libro pierde su lugar. Una protagonista de Tel Aviv que de repente come galletas de Navidad suena falsa.

Cómo decidir: según el tipo de libro

Tipo de libro Normalmente Por qué
Memorias, novela histórica Se dejan El lugar y la época forman parte de la historia
Novela contemporánea Se dejan, con pequeños ajustes El lector quiere sentir Israel, no estudiarlo
Libro infantil A veces se adaptan Un niño no se va a parar a entender un concepto extraño
Humor y sátira Casi siempre se adaptan Un chiste que hay que explicar ya no hace gracia
Libro práctico o de no ficción Se adaptan Las unidades, las instituciones y los ejemplos tienen que funcionar para el lector

La tabla es un punto de partida, no una ley. También en unas memorias hay algún chiste que conviene adaptar, y también en un libro infantil hay alguna comida que vale la pena dejar. Escribimos más sobre las diferencias entre tipos de libros en cada libro pide un camino de traducción distinto.

Qué pasa con las notas al pie y el glosario al final

Las notas al pie rompen la lectura. En una novela, un lector que tiene que bajar al pie de la página cada tres líneas acaba dejando de leer. En la mayoría de los casos funciona mejor una explicación corta dentro de la frase, o simplemente confiar en el lector.

Un glosario breve al final del libro puede funcionar en un libro con muchas palabras que se repiten, como unas memorias que usan una y otra vez términos del ejército o del kibutz. Quien quiere, echa un vistazo. Quien no, sigue leyendo.

Qué hacer antes de que empiece la traducción

Tres cosas que vale la pena hacer de antemano:

  1. Decide la dirección general. ¿El libro debe sentirse de su país de origen o sentirse cercano al lector? Basta con una frase.
  2. Marca los puntos difíciles. Juegos de palabras, nombres con significado, canciones y conceptos que se repiten a lo largo del libro. Una lista corta le ahorrará al traductor muchas conjeturas.
  3. Deja las decisiones pequeñas al traductor. Una vez que la dirección está clara, un buen traductor sabe cuándo dejar y cuándo adaptar.

Si no tienes claro cómo transmitirle esa dirección al traductor, lo contamos en cómo decirle al traductor cómo debe sonar tu libro. Y si quieres ver estas decisiones en la práctica antes de comprometerte, un capítulo de muestra te mostrará muy rápido si la dirección es la correcta.

Preguntas frecuentes

¿Qué es una referencia cultural en una traducción?

Cualquier cosa del libro que un lector de tu cultura entiende al instante y un lector de otro lugar no: una fiesta, una comida, un programa de televisión, una institución como el kibutz o el servicio en la reserva, una expresión o un chiste que depende de una palabra. Son los puntos en los que el traductor tiene que decidir qué hacer.

¿Es mejor dejar las referencias originales o cambiarlas?

Depende del libro. En unas memorias, en una novela histórica y en cualquier libro en el que el lugar forme parte de la historia, normalmente se dejan y se explican con delicadeza. En un libro práctico, un libro infantil o uno de humor, a veces conviene adaptarlas al nuevo lector.

¿Hay que añadir una nota al pie para cada concepto desconocido?

Casi nunca. Las notas al pie cortan la lectura de una novela. Es mejor una explicación breve metida en la propia frase, o dejar que el contexto haga el trabajo. En la mayoría de los casos el lector entiende lo suficiente aunque no lo entienda todo.

¿Quién decide, yo o el traductor?

La decisión de fondo es tuya, porque el libro es tuyo. Conviene darle al traductor una dirección antes de empezar: si el libro debe sentirse de su país de origen o cercano al lector. Las decisiones pequeñas, palabra por palabra, es mejor dejárselas a él.